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La Integridad

 

El término integridad abarca muchos aspectos del ser humano. Para un niño es difícil entenderlo en su total dimensión y así se lo explicamos a ellos. Cuando se trabaja este atributo con los niños, se reflexionan sobre las conductas y rasgos de personalidad que tienen que ir trabajando para que lleguen a ser personas íntegras en la adultez.

La persona íntegra no está dividida: es la misma cuando la ven como cuando no la ven. Puede elegir las mismas conductas en público o en privado. Es decir, no actúa “correctamente” solo cuando se siente observada.

Esto que tiene lógica para todos es en realidad difícil: en nuestro actuar cotidiano las personas por un tema social, de política, de primera impresión, eligen las mejores conductas, “nuestro mejor ángulo” cuando nos presentamos y estamos con otras personas; y en la intimidad nos mostramos tal cual somos. Es cierto, en la intimidad del hogar tenemos derecho de estar relajados…., pero esto no quiere decir que en la intimidad del hogar puedo mostrar conductas opuestas a lo que digo y estoy tratando de inculcar en familia. Esta situación le genera confusión a nuestros hijos y el niño confundido no se siente seguro de cómo actuar y crece como una persona frágil.

Cuando trabajamos el atributo de integridad se menciona:

  • La persona íntegra actúa según lo que piensa.
  • Es la misma: con las mismas ideas y valores la vean o no.
  • No actúa de forma diferente en circunstancias diferentes. Es un niño que no se deja manipular en sus decisiones por sus compañeros. En el futuro, cuando sea adolescente, podrá manejar la presión del grupo.
  • No influye en los amigos para que hagan conductas peligrosas o que dañen su imagen.
  • Las personas que la conocen pueden predecir cómo va a actuar y confían en ella.
  • No se siente cómodo cuando miente.
  • Cumple lo que dice.
  • Es prudente y saben guardar confidencias.
  • Es sincera, confiable y valiente: no tiene miedo porque se siente segura.
  • Logra amigos verdaderos: están con él (ella) porque la valoran, se sienten cómodos y seguros, y no porque le temen.
  • Asume la responsabilidad de sus actos.
  • Es valiente para corregir sus errores.
  • No pone su responsabilidad en otras personas.

Mantener una comunicación constante con nuestros hijos es un aspecto fundamental para no perderlos de vista: los niños al crecer y estar expuestos a estímulos diversos y experiencias nuevas tienen interrogantes que debemos conocer para ayudarlos a discernir.